EL DÍA INTERNACIONAL DEL BESO

Por segundo año consecutivo, el Día Internacional del Beso – 13 de Abril- ha pasado casi desapercibido. ¿Quién es la culpable? La situación de pandemia que estamos viviendo.

A nadie se le escapa que, a 13 de abril de 2021, la mayoría de las personas siguen reduciendo sus relaciones sociales, y con ellas,  las muestras de afecto. Así como tampoco podemos negar la sensación bastante generalizada de miedo ante un posible contagio por Covid-19 si nos acercamos a la cara de otra persona, y más si intercambiamos fluidos como la saliva.

Día internacional del beso

EL ORIGEN DE LA CELEBRACIÓN

El día internacional del beso es una celebración bastante joven, ya que su origen tiene lugar en el año 2011, cuando la pareja Ekkachai y Laksana Tiranarat marcó un récord del beso más largo, con una duración de 46 horas, 24 minutos y 9 segundos; superado por ellos mismos en 2013, con un tiempo récord de 58 horas, 35 minutos y 58 minutos. ¡Qué romántico!… ¿O no?

No sé qué os parecerá, pero a mí, el estar casi 60 horas besándose, sin poder sentarse, ni siquiera separarse  cuando necesitan comer, beber u orinar, no me lo parece. Como tampoco me lo parece que el mayor incentivo sea lograr un récord mundial, y embolsarse 2.500 € y dos anillos con diamantes.

Y si añadimos que para poder participar en el concurso exigen que la pareja esté casada o sus padres certifiquen por escrito su relación estable, la magia desaparece por completo.

HISTORIA DEL BESO

Si hubiera algo que celebrar, sería la existencia del beso en sí, como acto voluntario de comunicación y afectividad. Y ese beso no es tan joven…

Según algunos estudios antropológicos, las primeras señales de los besos se apreciarían en los homínidos, como una actitud instintiva de cuidado hacia sus crías. Otros encontrarían sus primeros indicios en una costumbre primitiva de las tribus de olfatearse mutuamente.

Si nos atenemos a pruebas físicas, el registro más antigüo  y gráfico en el que aparecen personas besándose  se encontró en las esculturas eróticas de los templos de Khajuraho (La India), con una datación de 950d.c y 1.050 d.c. En cuanto a registros en papel nos remontamos a los siglos IV y VI d.c., intervalo en el que fue escrito el libro “Kamasutra” por el escritor y religioso Vatsyayana, y en el que reconoce el poder del beso para expresar sentimientos y pasiones, llegando a describir los diferentes tipos y cuándo ha de usarse cada uno de ellos.

Y TÚ, ¿CÓMO Y CUÁNTO BESAS?

Como otras tantas cosas, el beso no ha sido impasible y se ha ido adaptando a los tiempos, costumbres y normas de cada cultura. Incluso en una misma cultura, en cada familia se establece con normas no habladas a quién se besa, en qué parte del cuerpo, con qué frecuencia y qué sentimiento puede generar; y cada progenitor tiene una tendencia concreta al contacto corporal con sus hijas e hijos, a través de caricias, abrazos, besos… Y aun así, no siempre se da el mismo permiso o se impone la norma con la misma intensidad a todos los miembros por igual. Sea como sea, los afectos que nos muestran nuestras figuras de apego durante la niñez, en forma de contacto físico, visual o de palabra, así como los sentimientos que nos generan (o no) en cuanto a sentirnos protegidos, queridos, dignos de ser queridos y con capacidad de amar, va construyendo el código de intimidad con el que luego vamos a transitar durante nuestra vida adulta.

Tampoco podemos olvidar el propio gusto de cada persona a la hora de llevar a cabo manifestaciones afectivas y pasionales como besar, u otras.

Dicho esto, no es tan importante  la cantidad de besos que das al día, sino cómo los das, qué te hace sentir al darlos y al recibirlos.

LOS BENEFICIOS DE UN BESO

Si besas por propia voluntad, esos besos provocan efectos positivos como los siguientes:

  • Entre las hormonas que segrega nuestro cerebro al besarnos, están las hipotalámicas, que tienen propiedades inmunopotenciadoras, lo que ayudaría a aumentar las defensas naturales que cada persona poseemos.
  • Nuestro cuerpo libera serotonina cuando besamos. Quizás te suene más si te digo que estamos hablando de la “hormona de la felicidad” por excelencia, aunque aparte de regular el estado de ánimo, tiene otras funciones como el desarrollo de los cerebros inmaduros, procesos de aprendizaje y memoria. Siguiendo en esta linea, numerosos estudiosos afirman que funcionaría como un antidepresivo natural, que nuestro propio produce.
  • Es innegable que cuando besamos a quien nos gusta, nuestra frecuencia cardíaca aumenta, dilatando nuestros vasos sanguíneos. Lo cual mantiene en buen estado nuestra circulación y activa endorfinas, que actúan como reductoras del dolor.
  • Al besarnos ejercitamos muchos de los músculos faciales, lo que puede descongestionar tensiones en zona de mandíbula, frente… y ayudar a mantener nuestro cutis firme
  • Otros estudios defienden que con el beso liberamos oxitocinas u “hormona del amor”, que nos ayudan a mejorar nuestro humor, disminuir la ansiedad y aumentar el vínculo entre la pareja y otras personas.

 

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